
En una videoconferencia titulada “Sanciones contra aliados y socios: límites de aplicación y significado para Rusia“, organizada por el centro de debate internacional Club Valdai, expertos de Venezuela, Rusia, India, Noruega y Turquía analizaron el uso de las medidas coercitivas unilaterales (MCU) y la imposición indiscriminada de aranceles como herramientas de control económico y militar.
Los ponentes describieron un panorama donde el dominio de las infraestructuras financieras y tecnológicas se emplea para condicionar la soberanía de los Estados, con lo cual quienes imponen estas medidas terminan por afectar tanto a sus adversarios como a sus aliados.
Recolonización económica
El viceministro de Políticas Antibloqueo de Venezuela, William Castillo, recordó que la Administración estadounidense impuso aranceles del 25 % a los países que compren petróleo venezolano y de 15 % a los productos de origen venezolano. Explicó que tales medidas son parte de la nueva doctrina supremacista e imperial de Washington, que busca, mediante la fuerza, asegurar los recursos del continente americano para su exclusivo beneficio.
Castillo señaló que este tipo de acciones configura una política de recolonización económica, incompatible con el derecho internacional. Denunció igualmente que bajo el pretexto de combatir a supuestos “enemigos extraterritoriales”, se intenta restringir el libre comercio entre las naciones.
Rechazó los intentos intento de limitar el comercio justo, y contrapuso las medidas arancelarias al objetivo de lograr una “humanidad de destino compartido”, al tiempo que defendió las alianzas con polos de desarrollo diversos como el BRICS, Rusia y China.
La arquitectura del control financiero
Taha Zhan, director de Investigación del Instituto de Ankara, Turquía, denunció que el control geopolítico que ejerce Estados Unidos contra naciones soberanas se ha convertido en una estrategia de dominación. En ella, dijo, “la infraestructura económica, los nuevos pagos, las finanzas, las leyes, los estándares y el acceso a los mercados se convierten rutinariamente en armas y los puntos de estrangulamiento pueden apretarse o relajarse a voluntad de Washington”.
Zhan opinó que en la actualidad se ha construido una especie de “mundo sancionado”, donde el control sobre el sistema de reserva en dólares, la infraestructura bancaria internacional y los marcos regulatorios financieros permiten una supervisión integral de los mercados de capitales y de los estándares tecnológicos, lo que determina una posición dominante en el comercio y los sistemas legales transnacionales.
El factor energético y la tecnología
Por su parta, Amit Bhandari investigador de Energía y Medio Ambiente de la Gateway House, India, explicó que, aunque su Gobierno no reconoce oficialmente las sanciones unilaterales, empresas privadas de su país a menudo las acatan y se exceden en su cumplimiento para no ser excluidas del sistema financiero estadounidense.
Bhandari sostuvo que las sanciones contra el petróleo ruso coinciden con el surgimiento de EE.UU. como exportador energético, lo que deja entrever una clara motivación comercial. Afirmó que la inteligencia artificial será el próximo frente de conflicto, debido a que el control de los minerales críticos, datos y energía serán el factor fundamental para mantener el dominio en ese campo.
Coerción económica y unilateralismo
El profesor de la Universidad del Sureste de Noruega Glenn Diesen analizó el uso de mecanismos de coerción económica y arancelaria como instrumentos de influencia estratégica.
Diesen advirtió sobre los riesgos inherentes a una asimetría en la seguridad y tecnología, señalando que la transición de la dependencia energética europea, antes vinculada a Rusia y ahora a los Estados Unidos, podría generar “una vulnerabilidad estructural que condicione la autonomía política y los márgenes de competitividad de la región”.
Adaptabilidad de las economías
Finalmente, Ekaterina Arapova, investigadora del Instituto MGIMO de Rusia, aseveró que mientras Estados Unidos busca un control inmediato mediante aranceles y sanciones, los países afectados desarrollan herramientas para lograr mayor autonomía financiera y tecnológica en el mediano plazo.
Advirtió asimismo acerca de la crisis de confianza global generada por la reciente presión estadounidense sobre el transporte marítimo y los derechos relacionados con la propiedad intelectual.

