
Por trigésima cuarta ocasión desde 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que exige el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba. La resolución, que busca frenar un embargo vigente desde 1960, sumó 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. Este resultado marca un descenso significativo frente a los 165 votos a favor del año anterior, lo que constituye el respaldo más bajo de las últimas dos décadas.
La votación reflejó variaciones importantes en el apoyo diplomático, en particular dentro de América Latina. Países como Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador y Paraguay votaron en contra de la resolución, mientras que Chile, República Dominicana, Honduras y Perú optaron por la abstención. Históricamente, el punto de mayor consenso internacional se registró en 2015 y 2017 con 191 votos a favor, enmarcado en el proceso de acercamiento diplomático durante la Administración de Barack Obama.
Argumentos y efectos extraterritoriales
El documento presentado por La Habana subraya que el embargo vulnera los principios de la Carta de las Naciones Unidas, destacando la igualdad soberana de los Estados y la libertad de comercio. Asimismo, la Asamblea expresó su profunda inquietud por la persistencia de leyes con alcance extraterritorial, como la “Ley Helms-Burton” de 1996, que afectan no solo a la soberanía cubana, sino también a los intereses de terceros países.
El texto también advierte sobre el endurecimiento de las políticas aplicadas desde 2017 y exige a los Estados miembros abstenerse de aplicar normativas de carácter extraterritorial que mantengan la medida.
Posturas encontradas
Durante su intervención, el representante de Estados Unidos, Mike Waltz, rechazó la existencia de un bloqueo y atribuyó la crisis actual al propio modelo del gobierno cubano, señalando la vigencia de exportaciones estadounidenses e internacionales hacia la isla. Waltz argumentó que el voto en contra busca evitar que el Ejecutivo cubano obtenga una victoria propagandística.
Por su parte, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, refutó dichos argumentos y expuso los costos acumulados por el embargo en sectores críticos como la salud. Señaló las dificultades en el acceso a tratamientos oncológicos y afectaciones en indicadores como la mortalidad infantil, y enfatizó ante la plenaria del organismo mundial que “lo que Cuba reclama es que la dejen en paz (…) Cuba no es una amenaza; el bloqueo sí”.

